Toda su vida fue lesbiana, hasta que lo conoció a él: “todavía me siento rara”

Siempre he creído que el amor no puede ser definido, éste toma y se adapta de una forma distinta en cada persona y desde las múltiples realidades que pueden llegar a existir en la inmensidad del planeta. Aún cuando sigan existiendo personas e incluso, organizaciones que intentan delimitar el concepto de amor, creo que la mentalidad de las personas ha adoptado una percepción mucho más libre en cuanto al amor y sus múltiples manifestaciones. Sin embargo hay quienes aún no entienden que el amor no se elige, no se busca, sino que simplemente es. 

¡El amor es amor y ya! ‍❤️‍‍❤️‍

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A pesar de que no elegimos de quién enamorarnos o a quién amamos, el amor puede llegar a sufrir alteraciones, confusiones e incluso equivocaciones. Y es que al fin y al cabo, el corazón decide enamorarse de una persona y no de una idea. A través de una intrigante declaración, Ash Fisher relata la experiencia que alteró la concepción que tenía del amor hasta ese momento de su vida. Tan sólo imagina el paradigmático escenario de enamorarte profundamente de alguien, alguien que finalmente te hizo entender el propósito de la vida, pero que al abrir tus ojos veas a un hombre, siendo que toda tu vida te gustaron las mujeres y que incluso, por mucho tiempo luchaste contra ese sentimiento.

Este es su relato, la pesadilla que ha vivido desde que se enamoró y lo mucho que esto ha cuestionado su identidad: 

“La primavera pasada, me enamoré profundamente, casi en un delirio. Había estado enamorada anteriormente, pero nunca así. Esto suena cliché, como si fuera de una comedia romántica sin sentido de Hollywood, ese tipo de amor que se habla en las canciones de amor y que nunca pensé que realmente existía. 

No sabía que era posible ser tan compatible con alguien en tantos niveles. Tenemos una frase de los Simpsons para cada ocasión. Nuestros estantes están llenos de libros de poesía. No queremos niños. Amamos a los perros y somos ambivalentes en cuanto a los gatos (okey, odiamos a los gatos). Nuestra comunicación es abierta y directa, y como resultado nunca hemos guardado rencor o tenido un conflicto serio. Uno de nuestros hobbies es mirarnos a los ojos y reírnos. Okey, ya entendiste, somos asquerosos. Encontré a mi persona y no estoy comprometiéndome, ni haciendo sacrificios en este relación.

Todo parece encajar, excepto su género. 

Hace una década que me declaré como lesbiana, lo que ha moldeado mucho mi vida: trabajé en una oficina de LGBT en la universidad. Mis artículos en esta publicación eran tanto extraños, como claros. Tengo un tatuaje feminista en mi brazo. Tengo un programa de comedia feminista llamando “Hombres odiosos”. Muchos de mis actos envuelven mi rareza. Básicamente, soy super gay. Enamorarme de un hombre es una de mis peores pesadillas. (Mi hombre se tomó esto un poco personal cuando le dije, no tengo idea por qué). Esta relación ha provocado que me replantee mi identidad. 

Antes de conocerlo, no sólo me consideraba como una extraña, sino que me considera una indudable lesbiana. Me sentí poderosamente desencantada de los hombres cuando uno me pegó. Fantaseaba con el sexo con mujeres cuando era una adolescente, y solía enamorarme de mis amigas. En la escuela, alquilé cada film indie o extranjero, ya que todos tenían una escena lésbica. Ni siquiera puedo recordar cómo es no sentirse una lesbiana. Es lo que soy. Pero luego conocí a este chico. Él es especial. Él es encantador, y comprensivo, y sensible, y honesto, e inteligente, y poético, y oh Dios mío, demasiado atractivo. Nunca me sentí tan cerca con otro ser humano. 

Para mi sorpresa, nuestra relación no es tan diferente a las que tuve en mi pasado extraño. Hablamos de todo, no le ocultó cosas y el siempre parece apoyarme. Unas semanas después de que comenzamos a salir, fui al médico para que insertara un IUD, que fue el momento más doloroso de mi vida. Los 6 meses que le siguieron fueron una pesadilla. Tenía calambres a diario, de hecho muchas noches desperté llorando. 

Cuando empezamos a salir, yo buscaba una relación libre. Después de 2 rupturas en un año, decidí proteger mi corazón y declararme emocionalmente ocupada. Casualmente un hombre parecía justo lo que necesitaba: podría acostarme con él sin sentir absolutamente nada. 

Sabía que estaba en problemas cuando nos juntamos la segunda vez. Este hombre era todo lo que pensaba que un hombre no podía ser, eso me confundió. Yodo era nuevo y atemorizante, pero aún así era increíble y se sentía lo correcto de hacer. Aún cuando pensé en dejarlo, él es simplemente demasiado perfecto para dejarlo ir, y estoy tan agradecida que no lo hice. Nuestra relación es lo más sano, fácil y natural de mi vida, incluso con las dolorosas experiencias anticonceptivas. 

Su familia sabe todo sobre mí, pero estoy asustada de conocerlos. Claro, a los padres usualmente les agrado: soy cariñosa, tengo habilidades sociales y ayudo a limpiar después de la cena. Pero ¿qué pasará si ellos me “googlean” y encuentran todos mis chistes sobre ser una lesbiana? ¿Alejarán a mi novio de mí? No le he ocultado nada a mi novio, él sabe que soy lesbiana, ha leído todos mis artículos y ha visto mis actos de comedia. Yo sé que él no me dejará aún cuando sus padres no me aprueben. Yo sé que no debería preocuparme, pero aún así lo hago. Es un nuevo tipo de preocupación y es terrible.

Mi amiga Karla Elena García también se enamoró de un hombre este año, y se ha convertido en mi verdadero apoyo. Terminaré este artículo con sus hermosas palabras que recientemente publicó en Facebook y que apuntan a la belleza, complejidad y profundidad de una identidad extraña y confusa: 

‘Las mujeres lesbianas que están con hombres son capaces de aportarle algo único a la relación. Porque nosotras debemos navegar el mundo heterosexual en confusos espacios, tenemos lentes específicos para ver el mundo y una particular manera de enamorarnos. Desde que muchas de nosotras hemos tenido parejas mujeres, admiramos y apreciamos la radical suavidad de nuestras parejas. Nosotras esperamos eso de nuestras parejas, sean hombres o mujeres o de otro género. A un nivel de ser amable con nuestra identidad. He visto a mujeres heterosexuales obviando este detalle (los hombres siempre serán hombres), por su participación en la cultura de la violación y la hiper masculinidad. Claro, esto no es lo que he visto siempre, pero sí que he observado en muchas ocasiones. 

Ser lesbiana para mí es un actor que me sana. Una sanación del tóxico machismo. Esto tiene la habilidad de ayudarme a ver mi cuerpo como lo hermoso que es. Es algo radical pero al mismo tiempo muy íntimo. Puede ser ambiguo y poco claro, no es necesario seguir alguna regla. Es hermosa y complicado al mismo tiempo. Amo mi identidad y amo estar con un hombre. Para mí, eso puede sobrevivir eterna y felizmente’.

Todavía estoy aquí, todavía me siento rara. Antes, ahora y siempre”. 

Wear Your Voice

A pesar de nunca vivir una experiencia remotamente parecida a la de Ash, puedo empatizar fácilmente con su situación. Sentir que todos los cimientos que por años construiste, se destruyen poco a poco, que todo aquello por lo que luchaste, hoy no parece tener mucho sentido. La sociedad dicta en nosotros tomar decisiones día a día, pero lo cierto es que este tipo de reglas se ven inhabilitadas cuando se trata de amor. Aún cuando la confusión pueda invadirnos y nos veamos influenciados por un millón de factores externos, nuestro corazón debe ser siempre la última palabra. Quizás Ash nunca logré aclarar su mente, quizás ni siquiera es necesario que la aclare, pero si estar con él provoca su propia felicidad, aún cuando esto implique constantes cuestionamientos, es lo correcto y siempre lo será. 

¿Qué opinión te merece este relato? ¿Delimitar el amor en base de un género debiese ser una meta en la vida de Ash?

FUENTE:

http://www.upsocl.com/mujer/toda-su-vida-fue-lesbiana-hasta-que-lo-conocio-a-el-todavia-me-siento-rara-2/