No hay residencia para José María

“Nadie comprobó mi situación. Mi madre no iba a comprar la droga para dármela”, explica José María Pérez, de 52 años, infectado de VIH y que padece hepatitis C. Asegura que entonces ya hacía dos años que no consumía y que, incluso, había seguido un programa para desintoxicarse. Suspendió el tratamiento con metadona en 2013. Por esas fechas, Asuntos Sociales le reconoció una discapacidad del 96% y determinó que lo más adecuado para él era un servicio residencial. Pero se le denegó. La consejería se excusa en que cuenta con plazas limitadas y que la familia debió haber recurrido la resolución en el plazo del mes que marcaba, aunque desconoce si se le hicieron las pertinentes pruebas de adicción. Para reiniciar el proceso, aconsejan que José María acuda a los servicios sociales de su municipio, Torrejón de Ardoz, aunque la dirección general de atención a la discapacidad ya estudia su caso, del que “no hay precedente”. “Hay recursos residenciales para drogodependientes con deterioro, pero tienen un carácter temporal porque el fin último es su rehabilitación”, dicen desde Sanidad.

Seguir leyendo.

FUENTE:

http://elpais.com/ccaa/2016/12/11/madrid/1481461025_680555.html#?ref=rss&format=simple&link=link