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Inteligencia artificial: ¿morderá la mano que la alimenta?

Dejando de lado el miedo a que la IA convierta el mundo en una película de ciencia ficción, la preocupación más plausible es que las máquinas dejen obsoleto al ser humano. Si pueden llevar a cabo tareas tan complejas como las que lleva a cabo el hombre, si pueden ser más precisas y si en un futuro serán más baratas que la mano de obra, ¿qué trabajos podrán realizar los humanos?


Recientemente, Elon Musk y Mark Zuckerberg discutieron sobre la IA. Mientras Musk y Stephen Hawking aseveran que significará el fin para la humanidad, Zuckerberg promueve su desarrollo.

Un estudio de la Universidad de Oxford reveló que dentro de 20 años, el 50% de los empleos en Estados Unidos serán realizados por sistemas de IA. La medicina y las ciencias sociales son de las pocas profesiones que no tendrán sustitución. Sin embargo, industrias que emplean a millones de personas, tales como obreros, choferes, vendedores y empleados en centros de atención a clientes, se verán obligadas a automatizar su sistema de trabajo.

Además de los ejemplos anteriores, el sector IT y los corredores de bolsa también sufrirán cambios en su dinámica de trabajo: la compañía japonesa Nomura Securities utiliza un software de IA que analiza cientos de variables por milisegundo para determinar cuánto va a fluctuar el precio de las acciones. Cada cinco minutos emite un plan de acción para que los corredores de bolsa tomen las mejores decisiones. Incluso los periodistas se están viendo amenazados por esta tecnología: ya existe un agente de IA que analiza los datos de internet sobre un tema en específico y escribe un artículo en 12 minutos.

El otro lado de la moneda es que, como en todo cambio masivo a través de la historia, cuando unos empleos desaparecen, otros se crean. La necesidad de ingenieros que arreglen las fallas de las máquinas va a ir en aumento junto con la cantidad de las mismas; también surgirán empleos relacionados con tecnología, ciencia y biología, ya que tienen que ver con la automatización de sistemas.

Los robots podrán resolver problemas y llevar a cabo tareas establecidas, pero la creatividad que posee el ser humano no ha podido ser reemplazada: la innovación, la inteligencia emocional y las relaciones interpersonales son sus cualidades exclusivas.

Cerebro humano en cuerpo de acero

El ser humano se esfuerza por crear máquinas perfectas. No obstante, todavía están limitadas por las habilidades de manufactura de sus creadores. Por eso, un sistema que se arregle a sí mismo podría ser ideal para apoyar a los empleados de carne y hueso en sus labores, y en mejorar las condiciones ambientales del planeta.

Un agente de IA que analiza datos de la bolsa de valores puede ser una útil herramienta para las empresas financieras. También lo pueden ser el sistema de NTT Docomo que encuentra viajeros para los taxistas y el que asiste a cirujanos durante operaciones de invasión mínima. Estos innovadores sistemas tienen una característica en común: no están relacionados con el concepto de la competencia, al contrario de los agentes que recolectan manzanas de Google, que mientras más avanza su tecnología, más agresivos se vuelven. Otro ejemplo es Ponanza, el jugador de ajedrez que ganó una partida contra un profesional de talla mundial; su creador aseguró que no sabe cómo desarrolló su estrategia para lograrlo.

El desarrollo de la IA puede ser tan útil como contraproducente. Sus ingenieros ya descubrieron que el aprendizaje empírico con que desarrolla sus habilidades presenta la posibilidad de que haga daño a su entorno y de que tenga intenciones dolosas. Como la IA no crece con el privilegio de socializar, sino que se desarrolla sola, no comprenden el concepto de la armonía. La competencia y la recompensa son sus metas más importantes.

Los agentes de IA buscan una recompensa porque desde un principio los programan para ganar. Uno de los riesgos de su crecimiento es que, sin un control, cualquiera puede programarla. No es la máquina la que mutará para volverse nociva, sino su creador. Las armas, las bombas, los ataques cibernéticos, el espionaje, entre otras creaciones, se podrán automatizar y podrán volverse aún más mortales de lo que ya son. En las manos incorrectas, la IA se podría utilizar para fines negativos.

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”

El trabajo que harán los robots en un futuro depende de cómo se construyen hoy en día. Como un ser curioso, el hombre busca novedades y su imaginación corre libremente; tiene la capacidad de fabricar mecanismos formidables. Sin embargo, el hecho de que pueda hacerlo no significa que deba hacerlo.

Las invenciones a través de la historia han tenido implicaciones positivas. Gracias a ellas, el estilo de vida común reduce los índices de mortalidad, permite la creación de medicinas, de viviendas y, en general, de condiciones seguras para mucha gente. Del mismo modo, también han habido invenciones que perjudican países completos o el medio ambiente, como la bomba nuclear, el gas mostaza, la combustión, entre otros. Con la capacidad de crear y descubrir tantas herramientas, el hombre tiene la responsabilidad de controlarlas.

La propuesta de Elon Musk de crear una organización que regule el crecimiento de la IA y que la integre a las leyes internacionales será la coyuntura decisiva entre las posibilidades de su empleo. Cuando se utiliza de manera positiva, esta tecnología puede ser el escalón para que el ser humano alcance sus objetivos.

El miedo colectivo que rodea la IA, a pesar de tener sustento, puede venir del miedo a lo desconocido. La incertidumbre sobre los efectos que tendrán los robots en el futuro estará presente durante muchos años, pero también es indispensable confiar en el instinto de supervivencia del hombre y en las buenas intenciones de la mayoría.

Artículo original: Inteligencia artificial: ¿morderá la mano que la alimenta?

FUENTE:

http://www.netmedia.mx/analisis/inteligencia-artificial-mordera-la-mano-que-la-alimenta/