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Tesoro oculto frente a nuestras casas

Eduardo Santana

El 21° Festival de Cine de Lima terminó con una sorpresa: un documental de divulgación científica (así, tan serio como suena) se había llevado el Premio del Público. Se trataba de “Pacíficum, el retorno al océano”, una película que devela los misterios del mar peruano y que ofrece una mirada emotiva para aprender a querer el océano frente a nuestras casas.

El filme es una idea original de la fotógrafa Evelyn Merino Reyna y del historiador Henry Mitrani, con la producción de Micaela Egúsquiza, quienes acompañados de diversos especialistas inician una investigación en torno al mar peruano y su relación con el hombre.

El resultado es una película de 75 minutos que muestra un recorrido por diversas miradas del mar peruano, de la mano de los especialistas Rodolfo Salas (Paleontólogo), José Canziani (Arquitecto y urbanista), Yuri Hooker (Biólogo marino) y Belén Alcorta (Especialista en Eco-Turismo y observación de ballenas jorobadas), quienes con un lenguaje simple buscan sensibilizar a los espectadores planteando una toma de conciencia sobre nuestra más grande frontera: el Pacífico peruano.

Diario UNO conversó con una de las gestoras de la proeza, la directora del filme, Mariana Tschudi. Para ella y su equipo, el objetivo siempre estuvo claro: “queríamos invitar a la gente a enamorarse de nuestro mar”.

—¿Cómo plantearon lograrlo?
—Nuestro principal camino fue invitar a los espectadores a tener una nueva relación con el mar. Para eso nos vamos al pasado y exploramos cómo era la relación de los antiguos peruanos con el mar, que es una forma de ver la naturaleza que sigue vigente en algunas comunidades aun: una relación de profundo respeto y de reciprocidad.

—¿Hasta dónde se remiten?
—Los tiempos son discutibles, pero vamos a los primeros registros que tenemos del ser humano como civilización. Allí encontramos que siempre ha habido una relación de reciprocidad. Antes de tomar algo de la naturaleza, se le da. Es un intercambio continuo.

En el documental conocemos muchos templos al pie del océano que no tienen otra razón de ser que crear una conexión con el mar y venerarlo.

Tenemos claro que solo a través del amor puede comenzar una reacción real para hacer algo con respecto al mar, y hemos querido invitar a retomar el ejemplo de civilizaciones más antiguas.

—Esa invitación al aprecio y al amor es contraria al espíritu crítico que suelen tener algunos documentales ambientalistas.
—Claro, y cuando lo planteamos dejamos dicho que no queríamos caer en eso. No queremos que el espectador se sienta culpable, porque a través de la culpa no conectas con nadie.

Cuando recibes una crítica muy fuerte, la primera reacción es evadir el tema. Uno prefiere no verlo. Por eso hemos ido por el otro lado, maravillarnos de lo que hay en nuestro mar y, lo más importante, mostrar que, si le damos una oportunidad a la naturaleza, todo se regenera. Hay mucha esperanza.

Uno de estos ejemplos es el de las ballenas. Han estado a punto de extinguirse, pero a partir de una ley mundial que prohibió la caza de ballenas (a la que el Perú se adscribió), han empezado a repoblar de una manera increíble.

Belen Alcorta, quien trabaja en la observación de ballenas nos contaba que, hace 10 años, con suerte, se veían algunas. El año pasado no hubo un día en que no salieran las ballenas. Ahora están por todos lados.

ORIGEN

—¿Cómo nació tu interés por el mar?
—Soy artista visual y he estado haciendo videoarte y pequeños documentales. Mis trabajos siempre han estado ligados a la naturaleza, esa es mi pasión y, a raíz de un documental corto que hicimos, llamado “Madremar”, tuvimos un primer contacto con el mar y la investigación.

Luego, Evelyn Merino y Henry Mitrani (productores de la película) me contactaron porque querían hacer un libro de la costa peruana y se les ocurrió que sería bueno que el libro llegara con un video. Con el tiempo, ese video fue agarrando más peso y se convirtió en una película.

—El libro desapareció.
—Sí, aunque ojalá lo hagan de todas formas. Pusimos todo el enfoque en esto porque nos dimos cuenta de que era una herramienta más fuerte para llegar a la mayor cantidad de gente posible, y acercarnos al objetivo final: despertar una conciencia respecto al mar.

Incluso, por momentos, yo quería hacer propuestas más atrevidas, pero siempre volvíamos al objetivo principal: comunicar desde el sentimiento y de forma clara para llegar a la mayor cantidad de gente posible, y con ese ánimo se armó esta película.

—Planteado así, debe haber sido más especial todavía haber ganado el Premio del Público en el último Festival de Cine de Lima.
—Fue muy lindo, un regalazo. Allí nos dimos cuenta de que había valido la pena haber tenido el objetivo claro.

Sentí que el premio nos sobrepasaba, a todo el equipo, por completo. Siento que es el mar el que se abre camino. Al día siguiente entendí lo que acababa de pasar y no paraba de llorar.

CIENCIA Y EMOCIÓN

—¿Cómo abordaron el reto de traducir la información científica al discurso emotivo de la película?
—Fue un reto muy grande. Pero teníamos que asumirlo porque, si no llegas al corazón, no pasa nada. Fue un proceso largo y requirió mucha paciencia. No solo por la información, sino porque ellos son los personajes, entonces hubo mucho trabajo de entrevistas, edición, etc.

—¿Cuánto tiempo trabajaron en el proyecto?
—Hemos trabajado más de cinco años en este proyecto. Hicimos una versión corta que empezamos a presentar y, gracias a esa pequeña película, llamamos la atención de Concytec.

Nos dijeron que estábamos haciendo lo que ellos necesitaban, comunicar la información científica al público para que no se quede en un informe. Entonces decidimos aplicar al premio de Proyectos Especiales y lo ganamos, gracias a eso pudimos terminar la película.

—¿Y con eso terminaron la película, o hicieron falta más apoyos?
—Siempre faltan. También hubo mucha gente que nos apoyó con pequeños montos o con ayuda logística, prestándonos una lancha, ofreciéndonos hospedaje en su casa. Si uno calcula el valor de todo eso, llega a ser bastante más que el premio.

RESERVA

—¿Tenían algún objetivo más específico?
—Sí, generar presión para lograr hacer una reserva marina en el norte del Perú. Existe un proyecto y tenemos la esperanza de que, con la película, el tema no pueda pasar desapercibido. No hay otra alternativa. Hay una red de reservas marinas a lo largo del mundo y no puede ser que el Perú, que tiene uno de los océanos más fértiles, no tenga una sola reserva que sea netamente acuática.

En esta reserva se concentra el 70% de nuestra diversidad marina y con ella podríamos cuidar la vida y dejar que las especies se reproduzcan y no desaparezcan.

EXHIBICIÓN

—Exhibir siempre es difícil y más si se trata de un documental, ¿cómo consiguieron la fecha de estreno?
—Esto suena místico, pero yo siento que el mismo espíritu del mar se está abriendo camino: estábamos haciendo un visionado en una sala de cine e invitaron a Cecilia Gómez de la Torre, Gerente General de Distribución en Tondero.

Ella llegó hasta las lágrimas y se comprometió de corazón. Entonces Tondero tomó el proyecto y gracias a ellos estamos llegando a todos los cines.

Antes del estreno ya tienen a 5 mil niños que van a ir a salas. Han gestionado funciones enteras a colegios y han buscado auspiciadores para que paguen las funciones de niños de colegios de bajos recursos. Estas cosas suceden porque hay un compromiso de corazón, porque saben que esto es para el mar, no para nosotros. A mí me conmueve muchísimo.

FUENTE:

http://diariouno.pe/2017/08/30/tesoro-oculto-frente-a-nuestras-casas/