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Columna de opinión: Ni derecha ni izquierda, por Ricardo Puglia

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El gobierno del Frente Amplio se autodefine de izquierda y todos los que pensamos diferente somos de derecha o conspiradores del imperio. No obstante, cuando por decreto impone medidas de esencialidad, u obliga a jubilados y pensionistas a pagar el impuesto a los menguados ingresos, o a través de un parlamento mayoritario afín a sus propósitos disminuye las penas a los rapiñeros, a los arrebatadores y demás delincuentes a través de profusos beneficios, dicen que son de izquierda.

La epidemia izquierdista ha llegado también a los partidos de oposición, al Partido Nacional a través de Larrañaga quien para diferenciarse de ser guapo usa barba al mejor estilo castrista o Lacalle Pou que para no quedar mal con alguna parte de la ciudadanía vota leyes que si su bisabuelo viviera lo reprendería ferozmente.

Al Partido Colorado no le faltan los exponentes, empezando por Amado quien aún no sabe a qué colectividad pertenece aunque se diga colorado de izquierda o a los derechistas batllistas que lidera el expresidente Sanguinetti.

Estos actores políticos y algunos parlamentarios votan u opinan según el costo político de cada situación, encargándose el FA de poner en el tapete, no sólo sus opiniones internas discordantes, sino aprovechan los desencuentros de la oposición a quien tienen a merced de sus delirantes doctrinas perimidas importadas desde la meca cubana u otras mecas como la chavista donde continúan afirmado que no es una dictadura lo actuado por el sucesor de este.

De continuar por esta senda, es obvio, que aunque el Partido Nacional les dé un susto en las próximas elecciones, las volverán a ganar bajo este sistema constitucional, que al obtener las mayorías parlamentarias les permite votar exabruptos, o justificar la compra de un avión para viajes regionales bajo el slogan de austeridad.

A nadie ya le importa, el título del vicepresidente, el agujero negro que dejó en ANCAP, la frivolidad del endeudamiento interno y externo, acompañado de un permanente déficit fiscal, déficits del BPS, FONASA, etc. Todo esto para la población parece problema de otro, pero no es así, los ciudadanos están pagando a través del IRPF, IASS, IVA, etc., impuestos que sólo sirven para financiar el desquilatado presupuesto nacional con fines puramente proselitista como el aumento de funcionarios públicos por ejemplo.

La única forma de cambiar es a través de la Democracia Directa ejercida por los ciudadanos vía proyectos de Reforma Constitucional ad-referéndum, elaborados, ya no, por los políticos, sino por ciudadanos comunes, honestos, íntegros, dignos y que desean ver crecer a sus hijos y nietos en un país con esperanza y futuro de convertirse en referencia del contexto mundial.

De lo contrario, Juancito instalará algún club, se autoproclamará como hasta ahora candidato a diputado, obtendrá dinero, seguirá abriendo clubes, pagando chorizos a la parrilla, algún mango para la nafta y la comida en el día de las elecciones, ofrecerá cargos que después disculpará, cobrará por cada voto obtenido y se subirá al sublema que mejor lo aliste en las listas senatoriales.

Y este no sólo es tema de los comités de base, sino también de los partidos de oposición. Todos por igual lo denominan estructura partidaria. Puestos de conserje, conductores, empleados administrativos, secretarias, etc., estarán en la oferta.

Si esto es lo que quieren los uruguayos, sigamos igual. No cambiemos nada y no ejerzamos nuestros derechos. Serán ellos los que los modifiquen en su favor para perpetuarse y continuar en misiones a Zambia, cobrando sueldos, gastos de representación, viáticos de viajes, teléfonos celulares, etc.

Las leyes deben estudiarse debidamente y tener una justa armonía para la ciudadanía y no para los caprichos de quienes ocupan puestos de suma importancia que ni siquiera están capacitados para administrar un kiosco.

Cuando entre 2020/2022 las tasas de interés internacional continúen creciendo y el crédito hoy favorecido para América Latina sea difícil de obtener, el proteccionismo se acentúe, todos recordarán al ministro de economía avalado por el grupo de la tercera edad que es acompañado.

Ni derecha ni izquierda, Uruguay tiene que proyectarse como país viable, sin doctrinas foráneas ni antepasados, que si bien rescatamos de ambos, cosas buenas y malas, fueron para su tiempo, para una realidad muy diferente a la que vivimos en el siglo XXI.

FUENTE:

http://www.correopuntadeleste.com/?p=11079