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De los lugares a los no lugares

En este artículo, el autor reflexiona sobre el sentido de pertenencia a una zona rural, a partir del episodio concreto del desarrollo de determinados tipos de producción y cultivo, que modifican no solo un paisaje en particular sino el lugar en general.        

Escribe: Diego Alfonso (*)

Aún recuerdo aquel camino, lleno de hormigueros y espartillos. La mirada estaba fija en el suelo para no tropezar con ellos. Con las cañas de pescar al hombro observábamos a lo lejos la palmera. No teníamos como perdernos. Era nuestra referencia, ahí estaba el arroyito. Ni bien llegábamos nos encontrábamos con un montón de juncos, cerrábamos los ojos y caminábamos rapidito para no pincharnos mucho, pero más de alguna vez salíamos con algún raspón.

Ahí pasábamos hasta el atardecer, acompañados por el sonido de los pájaros y el ruido de las hojas de los árboles. La mayoría de las veces aparecía el perro, que seguía nuestro rastro. Cuando el sol se escondía detrás de los pajonales había que volver. Era nuestro reloj. Muchas veces nos demorábamos en la tapera. El aljibe nos llamaba mucho la atención. Estábamos un rato tirando piedritas y luego nos íbamos.

Hoy la palmera no parece estar tan lejos como en aquel tiempo. Sin duda cuando éramos chicos esa distancia parecía mucho más grande. Pero hay cosas que cambiaron de verdad. Yo sé que la palmera estuvo ahí siempre pero hoy la veo sola y aislada. Mis compañeros de pesca ya no están aquí, sus familias se han ido. Hace poco tiempo llegó a esta zona un grupo inversor y compró un montón de terrenos cercanos a este lugar para realizar monocultivos de maíz o soja. Entre esos terrenos, un tambo que daba trabajo al menos a diez familias.

El paisaje cambió y aquel lugar donde pasábamos las tardes de verano fue modificado: el monte de árboles nativos fue talado, los espartillos enterrados y los hormigueros no se ven más, salvo bajo algún alambrado. Los pájaros que cantaban tan armoniosos se fueron y hoy nos rodean bandadas de palomas y cotorras que vienen a comer la soja y el maíz.

¿Acaso tiene el mismo valor este espacio para la gente que vivió siempre aquí que para este grupo inversor?

De esta manera comienza uno de los principales debates de Marc Augé, quien en ‘Los no lugares espacios de anonimato. Una antropología de la Sobremodernidad’ (1992), define a los lugares y no lugares de esta forma: “Si un lugar puede definirse como: lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional, definiría un no lugar”.

Por lo tanto, podríamos sostener que para quienes viven y vivieron mucho tiempo aquí este es “un lugar” porque existe un sentido de pertenencia, es un espacio de identidad, relacional e histórico. Sin duda varias generaciones han pasado por aquí y ha quedado la huella de una cultura destacada por la producción familiar, el trabajo colectivo entre vecinos, la cooperación y la solidaridad.

¿Pero qué pasa cuando intervienen estas empresas tan grandes y modifican el espacio? ¿Es para ellos este “un lugar”?

Mediante la interpretación que realizo de la cita anterior, este espacio para estas empresas es un “no lugar”. Seguramente los “lugares” de pertenencia, los que definen la identidad de estos empresarios estén en su país, en su ciudad, donde vivieron momentos de su infancia y preadolescencia, y donde viven junto a su familia y la comunidad en este momento

Este espacio forma parte de su capital, y así como hoy están aquí podrían estar en cualquier parte del país o incluso en otro. Para los inversores, no es más que una cantidad x de hectáreas que son equivalentes a una cantidad x de kilos de maíz o soja. Muy pronto serán vendidos y transformados en dólares, con los que seguramente seguirán aumentando la cantidad de capital y trasformando “lugares” en “no lugares”, definiendo claramente al Sistema Capitalista.

Pero si seguimos profundizando en la lectura del texto citado, nos damos cuenta que no solo esto lo define como un “no lugar”, porque quien juega un papel muy importante es la cultura y la relación, es muy difícil para este inversor insertarse en este espacio, donde se valoran más las actitudes que el dinero.

Una de las primeras conclusiones a las que he llegado se da mediante la siguiente cita: “Las personas que habitan los no lugares tienen el deseo por olvidar su realidad cotidiana, la necesidad de evadirse del mundo y vivir solo del momento actual”. Una frase que define de alguna manera a la postmodernidad o como el autor le llama “sobremodernidad”.

La gran diferencia está en las ideologías, en las formas de pensar de uno y otro, sumado al contexto en el que está inmersa la sociedad. El grupo inversor está totalmente inmerso en el sistema capitalista, que tiene la virtud de crearle una necesidad determinada para que él siga invirtiendo, como por ejemplo: el último modelo de un automóvil, un celular, una computadora, etc. Por el contrario, quienes ocupamos este espacio no estamos tan inmersos en el sistema, aquí existen otros valores, las reglas son otras, la competencia y el individualismo quedan relegados y la cooperación y la solidaridad toman fuerza, como siempre lo hicieron. Algo que debo aclarar es que como dije anteriormente no estamos “tan inmersos” porque también formamos parte del sistema, ya que parte de la producción ingresa a un mercado que está bajo la regla de la oferta y la demanda”.

Marc Augé dice que “los no lugares son espacios para el beneficio”. Yo diría que son oportunidades de paso para el capitalista.

Teniendo en cuenta que es un lugar de paso y que no tiene sentido de pertenencia aquí, ¿le importará al inversionista las consecuencias que causa en ese “lugar”?

Me ayuda a afirmar que este es un “no lugar” para estas empresas su forma de actuar, realizando un control mediante satélites o avionetas, sin haber tenido contacto próximo con sus sentidos, al no escuchar los pájaros de este lugar antes de la tala de los árboles nativos que eran su hábitat y que componían este lugar.

(*)Estudiante avanzado en el Instituto ‘Juan Amós Comenio’. Reside en el Paraje La Armonía, de Canelón Chico.

FUENTE:

http://hoycanelones.com.uy/web/2017/09/14/de-los-lugares-a-los-no-lugares/