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Alberto Serra Valls, errante en su propia tierra por Ramón Sosa Pérez

En la Academia de Mérida conocí al Dr. Alberto Serra Valls, titulado en la Complutense de Madrid como Ingeniero de Sistemas en 1950. Un tanto adusta debió parecerme su estampa pues imaginé que los Físicos semejan ese perfil, abstraídos entre números y cálculos indivisos. De este erudito apenas conocía su pasión benedictina promoviendo el Tren Electromagnético, proyecto con tan abundosa bibliografía como intrigantes de oficio. Los más, sin evidencia sesuda lo adversaban, más llevados por intereses manidos que por juicio lógico y él los rebatía para abogar por el transporte citadino, remozándolo con avanzada tecnología. Años de investigación, autoridades y gobiernos que pasaban sin dar el visto bueno en una indolencia que eternizaba la ocasión de la “mordida”, siempre impedida por el proceder ético del tutor. Militante de la izquierda antifranquista del PCE, Serra Valls asumió carácter insumiso al Dictador y con ayuda de su profesor de la Complutense, marchó a Francia “cuando decidí ser prófugo del ejército de Franco” para aprobar el Doctorado en Física en la Universidad de Grenoble en 1962. Unos años antes llegó a Venezuela para ejercer docencia libre en la UCV y se incorporó al IVIC, fundado en abril de 1954 con Humberto Fernández Morán a la cabeza y del que sería otro de sus quijotes. Partió a Francia entre 1959 y 1976, al Laboratorio de Resonancia Magnética de la Universidad de Grenoble, de Comisionado y antes Becario del Instituto Alonso de Santa Cruz y profesor Ayudante de la Facultad de Ciencias Físicas de la Complutense. De vuelta al instituto, al que llamó en libro que me dedicó, “EL Ivic de mi vida”, coronó la tríada de investigadores con Manuel García y Carlos Gago, que en 1967 escudó el proyecto de “facilitar la búsqueda de un sistema de tracción más eficiente, que pudiese remontar fuertes pendientes” y a poco remataron el primer prototipo del Telmag. La invención, doctrina de Serra Valls como vital concepto en comunicación, era eficaz, amigable al ambiente, facilitador del sistema económico, inspirador de tecnologías, sin obviar la historia del tren como garante de transporte seguro. La lucha por más de 4 décadas fue titánica y en Mérida, cuando el prototipo se divulgó desde la ULA, no logró eco en instancias oficiales mientras su inventor no cediera a ambiciones palaciegas, al punto que hubo remedos de porfía política para retar el Telmag, con el corolario conocido. Alberto Serra Valls, Individuo de Número de la Academia de Mérida desde su fundación, tuvo interés por el progreso del Estado, pese a que su idea fue descartada porque, en eso sí hubo pacto, los gobiernos locales, blancos y rojos, negaron hacer de Mérida la ciudad de vanguardia tecnológica con un proyecto gestado en su universidad. El Dr. Serra demuestra hoy en Barcelona, España, que se puede ser profeta en su tierra porque la idea asoció anuencia oficial en provecho ciudadano.

 

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FUENTE:

http://fronteradigital.com.ve/alberto-serra-valls-errante-tierra-ramon-sosa-perez/